
(Obra de Julio Le Parc. Imagen tomada de lacomunidad.elpais.com/psicoabisal/2009/7/29/arte-cinetico)
Sumergido en la oscuridad, me encontraba deslumbrado en medio de las luces que danzaban a mi alrededor. Algunas tenían movimientos dulces, suaves, ondulantes. Otras vibraban fuertemente al punto que parecía que fueran a estallar. El esplendor era mágico. Sentía que estaba en medio del Universo, donde una nebulosa brillante se movía caprichosamente a mi alrededor.
Por: Juan Manuel Ospina Pineda
No, no estaba soñando. En realidad me encontraba contemplando un tipo de arte que se sale de los parámetros bajo los cuales normalmente lo encasillamos. Arte cinético, un arte que estudia la estética del movimiento y su percepción por parte del espectador, en donde éste juega un papel tan importante que la obra carecería de sentido sino fuese por nuestra interacción con ella. Al menos eso piensa Julio Le Parc.
Ese sábado al contemplar su arte, “Luz en movimiento”, en la biblioteca pública Luis Ángel Arango, una sinfonía resonaba en mi. Ella, la sinfonía, estaba compuesta por ligeros chasquidos producidos por los interruptores que daban paso al movimiento, por la resonancia de los diminutos motores que retorcían el aluminio, con movimientos circulares, que a su vez reflejaba la luz. Si Leonardo Da Vinci estuviese vivo, creo que se excusaría diciendo que Julio Le Parc no produce arte, más bien sería, para él, un vil artesano, y más por recelo de no haber pensado él en una máquina tan sencilla que produjese semejante espectáculo, que porque en verdad fuera cierto. Bueno, quizá eso lo sentí yo.
La sensación que me produjo no fue gratuita, es más bien fruto de años de investigación. Julio Le Parc nació en Argentina en 1928. A sus 15 años empezó a estudiar en La Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en Buenos Aires, escuela que abandonó al año siguiente y que continuaría en 1955, a sus 27 años. Allí fue presidente del Centro de estudiantes de artes plásticas y miembro del Concejo directivo de esta escuela. En 1958 el gobierno Francés lo beca, por lo cual se muda a París donde funda el GRAV –Grupo de investigación de arte visual, por sus siglas en Francés- y que existirá hasta 1969.
Su obra ha sido expuesta en varios de los museos más reconocidos del mundo y ha ganado el premio Bienal de Cuenca en Ecuador. En Dusseldorf, Alemania, en 1972, se produjo la primera retrospectiva de sus obras, y en 1978 la BBC de Londres realizó un documental de su vida y obra.
“Luz y movimiento” se llamó una exposición en la que Le Parc participó exitosamente en 1967 en la ciudad de París. En el 2007, con una exposición llamada “Luz en movimiento”, en la que yo me encontraba, hace una muestra similar, con 40 obras que dejan a cualquier espectador con la sensación de estar idiotizado, perdón, hipnotizado.
En esta exposición la luz es protagonista, en donde, en medio de una oscura galería, con paredes negras, se proyecta la luz producida por unos focos que están dirigidos a piezas de metal que se retuercen, giran, se enrollan y rebotan dando así vida a la luz. No es gratuito por eso el estado mental que el espectador alcanza al ver esa luz reflejada, pasando a través de móviles y cuadros compuestos de figuras geométricas, o proyectándose en las paredes. Algunas de luz cálida, otras con luz fría, pero todas danzando alrededor de los visitantes de la galería.
El espectador, para Le Parc, es la pieza principal de su obra. Sin él la obra carecería de sentido pues “el momento del espectador es la historia de la obra”, como se asegura en una de las frases estampadas en las paredes de la Galería La Cometa, en Bogotá, donde también se exhibe parte de su obra. Es algo así como comunicar; el proceso se vería incompleto, o no existiría comunicación, si careciéramos de un perceptor. El arte es comunicación.
Tan importante es quien vive la obra para este artista que incluso tiene una especie de “arte interactivo” en el cual el espectador presiona un botón o viste unas gafas especiales para contemplar la obra.
Pero el arte de Le Parc no se compone sólo de móviles, motores, metales y luz en movimiento. Los colores fluorescentes y figuras geométricas se destacan en sus pinturas. Obras pictóricas que parecen una alegoría a la industria. Todas están compuestas con cuadrados, rectángulos, franjas de diferentes colores, puntos, todas contrastantes y brillantes que generan una ilusión óptica en el espectador. También hay obras en escala de grises, sin embargo su preferencia por los colores es notable. El artista tiene una gama de colores muy definido, que juntos empalagan el ojo del espectador.
Sus obras no tienen un tamaño definido, pueden haber desde esculturas de madera blanca talladas, formando franjas rectangulares creando algo que podría compararse con la maqueta de un rascacielos, como pequeños cajones de madera con líneas blancas y negras o rojas y blancas en los cuales una banda metálica produce un efecto óptico en el interior del cajón, o hasta un móvil de cuadros metálicos de 4 metros que cae desde el techo de la galería hasta un espejo en el suelo.
Después de contemplar tantas obras, tanta creatividad, después de que diversas sensaciones y emociones invadieron mi cuerpo con cada una de sus piezas de arte, quedé en una especie de trance. Una felicidad extraña que podría calificar como asombro invadía mi ser. Algo así como si viera el David de Miguel Ángel. Le Parc sin embargo no se da tanto crédito.
Julio Le Parc es una persona humilde, que no considera que hace arte, más bien para él lo que hace es un “performance” o como lo traducen al español, una experiencia, una simple actividad humana. Arte o no y artista o no, Julio Le Parc sabe lo que está haciendo, lo que su obra causa en el espectador, y aunque él no considere que hace arte, sin duda alguna es un genio.
Conoce más sobre Julio Le Parc: http://www.julioleparc.org/
