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Podría contarles la historia de las cataratas que de hecho fueron descubiertas en 1.542 por Alvar Núñez. También podría hablarles de las 67.620 hectáreas de selva que componen la Reserva la natural. O de la cantidad de litros de agua que transcurren en un día en las cataratas. Pero todos esos datos son fáciles de encontrar. Por eso prefiero contarles lo que se vive, lo que se siente, o al menos lo que yo sentí, la inmensidad de esta maravilla natural, lo sobrecogedora, la sensación profunda que se da en el interior del ser, una sensación de movimiento, de dinamismo, de fuerza, de cambio.

Pero empecemos por el principio. Me desperté en el hostal en un maravilloso día soleado. Después de comerme unas tradicionales medialunas y tomarme un café, fui a la terminal de buses, desde donde sale un bus que sólo cuesta $20 pesos argentinos (menos de $5 dólares) cada 20 minutos hacia el parque natural de Iguazú del lado gaucho. Después de un breve recorrido en bus y de pagar la entrada (que para extranjeros de de $130 pesos – un poco menos de $40 dólares-) finalmente se accede al parque, el cual hoy se encuentra muy bien adaptado para el turismo.

Las niñas que atienden en mi hostal me recomendaron visitar primero la Garganta del Diablo, pues a medida que avanza el día se empieza a llenar de gente hasta el punto de no poder disfrutarla realmente. Eso hice. En el camino hacia el tren que lo lleva a uno hasta la parte superior de la catarata me encontré con los famosísimos Coatíes… unos mamíferos muy tiernos que andan por el parque en busca de comida. No hay que alimentarlos, pues se tornan agresivos e incluso lo pueden perseguir a uno y morderlo para obtener un pedazo de cualquier alimento que estemos consumiendo.

El tren tarda 15 minutos en llegar hasta la estación Garganta del Diablo. Una vez allí inicias un camino de poco más de 1 kilómetro sobre un muelle de acero que se adentra en el río y la selva que crece en los alrededores, y que te llevará hasta el salto más alto y abundante del lugar. Este recorrido fue mágico. En él disfrutas de una vista maravillosa del río Iguazú, donde el cielo se refleja de manera hermosa sobre el río que en ese lugar es muy tranquilo permitiendo que se forme un espejo de agua. Si eres paciente y no hay mucho ruido de los turistas (algo muy difícil), podrás observar aves exóticas. No dejes de observar bien las piedras del río, pues podrás detectar las tortugas que reposan en ellas o ver los peces que nadan contra la corriente.

Allí, respirando el aire puro -excepto cuando algún desubicado fuma cigarrilos en uno de los pocos lugares del planeta donde puedes respirar aire puro- me fui acercando a esta gran caída. Cuando empiezas a ver la Garganta desde lo lejos dices: ¡Ah, qué bonito!… sin embargo nada te prepara para lo que estás a punto de presenciar. Una vez llegas al fin del muelle quedas prácticamente encima de la Garganta del Diablo. La sensación es difícil de describir. Ver esa maravilla, esa inmensidad de agua cayendo 80 metros, mueve algo en tu interior. Es ese sentimiento que te da cuando contemplas algo grandioso. Recuerdo que cuando estuve en el gran cañón tuve una sensación muy similar, es algo que sientes entre tu corazón y tu plexo, una sensación profunda que en ese entonces fue de tranquilidad, de majestuosidad, de contemplación; y en esta ocasión fue de dinamismo, de movimiento, de fortaleza.

Uno quisiera quedarse allí, ojalá solo, sin embargo otros turistas siguen llegando… todos quieren vivir la experiencia, sacar una foto memorable para después recordar lo que sintieron allí. Decidí entonces continuar con mi camino, volver al tren y bajar a los senderos de los que goza el parque, no sin antes probar una de las medialunas de la cafetería de la estación, la cual fue absolutamente exquisita (yo odiaba las medialunas -son unos croissants dulces-, pero últimamente me he comido unas deliciosas).

En la parte de abajo tienes la opción de hacer dos recorridos: El recorrido superior que tiene unos 600 metros de largo y que te permite contemplar algunos saltos de agua del lado argentino dándote una muy buena perspectiva, o el camino inferior que tiene unos 2 kilómetros en los que puedes estar muy cerca de las cataratas y sentir su fuerza.

Decidí empezar con el recorrido inferior, especialmente porque te permite cruzar a la isla San Martín, una montaña que hay en medio del río desde donde se aprecian muy bien la mayoría de los saltos. En el camino inferior encontrarás más coatíes, especialmente en la zona de la cafetería donde luchan contra los humanos por un poco de comida.  Si tienes suerte podrás observar monos y armadillos, así también como muchas especies de plantas. A lo largo del camino encontrarás varios saltos pequeños pero grandiosos en donde se observan las formaciones rocosas y los pequeños riachuelos, así como también paredes de agua, llenas de vida a su alrededor. Si te gusta caminar este es para mi el mejor recorrido del parque.

Una vez abajo no dejes de cruzar a la isla San Martín. Se cruza en una lancha que tarda más o menos 30 segundos en llevarte a la isla y después de subir como 200 escalones (o más), muy empinados, recorres un sendero donde podrás ver la ventana, que es un agujero en medio de una formación rocosa donde dicen que a veces se ven las cataratas y un arcoiris -yo no pude verlo porque no había mucha agua el día que fui y la ventana estaba parcialmente cubierta por árboles-, pero si pude ver la gran cascada San Martín y dos pequeñas cascadas que forman un arcoiris permanente. Desde allí la vista es simplemente espectacular y de verdad que vale la pena cruzar, además el cruce es gratuito. Tal vez éste fue mi punto de observación favorito, es un lugar donde realmente te puedes tomar unos minutos para contemplar el gran espectáculo natural que te rodea.

La razón por la que no había tanta agua se debe a que en el río Iguazú han construido diferentes represas, normalmente estas retienen el agua entre semana, especialmente lunes y martes y el nivel del río baja. Como consecuencia no pude realizar el paseo en bote motorizado que lo lleva a uno a apreciar las cascadas de los tres mosqueteros en el cañon de iguazú relativamente cerca de la Garganta del Diablo, y después la Caída de San Martín de la cual todos salen emparamados. Dicen que la experiencia es excelente. Por esta razón, Jungle, la empresa que organiza esta actividad dentro del parque improvisó un paseo en unos botes inflables en donde nos acercaron remando a ver el cañón de la Garganta del Diablo desde el río y después, a costa de los músculos y el esfuerzo físico de los remeros, entramos a la zona de la catarata San Martín y fuimos empapados mientras tomábamos muy buenas fotos. Incluso Ariel, uno de los guías de esta actividad, nos ayudó a sacar unas muy buenas fotos de la aventura.

Aunque esta experiencia cuesta un poco de dinero ($125 pesos argentinos la que yo tomé – que son como $40 dólares… hay otra más larga que cuesta el doble pero ese día no la hicieron por el nivel del río.), es una buena manera de experimentar de manera distinta las cataratas. La experiencia es muy distinta, es como estar sobre una pluma siendo movido por la fuertes olas que se forman bajo la cascada y siendo bañados por su brisa.  Tuve la fortuna de hacerlo en el último bote que salió ese día a esta aventura náutica a las 4:30 de la tarde.

Volví empapado de una aventura que valió la pena. Afortunadamente me había puesto una pantaloneta de baño antes de subir al bote que había empacado en mi maleta, pues yo ya sabía que me quería mojar. Me cambié de nuevo y fui rápidamente hacia el Recorrido Superior a tener la vista desde arriba de las cataratas con la luz del sol del atardecer en un recorrido que es menos salvaje, pero desde el que obtienes una muy buena vista.

El parque ya estaba cerrando entonces me devolví a coger el bus, no sin antes tener el privilegio de observar un par de pavas, una especie de ave en vía de extinción, que se paseaban sobre las copas de los árboles; así como un trío de micos que se alimentaban en una de las palmas.

De nuevo en el hostal me senté a recordar sobretodo las sensaciones que se obtienen cuando uno ha vivido una experiencia espectacular. Me encontraba un poco expectante también, después de todo me esperaba otro gran día del lado brasilero.

Si un día vienen a Iguazú acá les dejo algunas recomendaciones:

-En el río Iguazú han construido muchas represas. Trate de ir a las cataratas un fin de semana. entre semana y especialmente lunes y martes, las represas retienen bastante agua, entonces es posible que no veas la grandeza de todos los saltos o que no puedas hacer la aventura en bote motorizado cerca a las casacadas. (Yo fui un lunes!)

-Si vas a hacer el paseo en lancha, que es muy chévere, lleva ropa de cambio en tu maletín y otro par de tenis o chanclas.

-Usa repelente de insectos.

- Si estás viajando con poco presupuesto lleva un par de sandwiches y una botella con agua. La comida en el parque (como en cualquier otro) es muy cara. Sin embargo no dejes de porbar las medialunas de la cafetería cerca a la Garganta del Diablo, son deliciosas!

-Madruga. Hay muchas cosas para hacer y es bueno tener el tiempo de recorrer todo, así como momentos de contemplación.

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One Response »

  1. gloria Patricia says:

    Espectacular !!!! que sitio tan fantástco! y que fotos, hermosas, gracias por la narración, me trasladé allí…y sitios para expandir nuestro Ser. Viva!!!!

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